
Si bien es cierto que Benedetti sostiene en el ensayo “La realidad y la palabra” (1990) que “el novelista es sobre todo un inventor de realidades, y sólo en segunda instancia un inventor de palabras”, parece claro que la aprehensión de la historia está absolutamente condicionada por la selección y el entramado de las palabras, por los silencios y el énfasis.
Historia aparentemente tan sencilla como es la narrada en La Tregua podría haber sido simplemente una conmovedora anécdota, o un melodrama un poco cursi. Y sin embargo ha conseguido ser la síntesis de una época además del anuncio de otro tiempo. Ha logrado acercarse a la sensibilidad de diversas generaciones. Con más de cien ediciones, traducida a quince idiomas, habiendo traspasado los límites del libro hacia el cine, el teatro y la televisión, ya se puede decir ciertamente que historia y lenguaje, realidad y palabra, mensaje y sentimiento, como un todo armónico, sobreviven al tiempo en la apreciación de los lectores. Tal vez sea porque, como también decía Pavese, “Las palabras son tiernas cosas, intratables y vivas, pero hechas para el hombre y no el hombre para ellas y, precisamente por ello, porque sirven al hombre, las nuevas palabras nos conmueven y aferran”.
Hortensia Campanella
No hay comentarios:
Publicar un comentario